—Pero al fin y al cabo, yo fui el que se equivocó —dijo Óscar con una sonrisa ingenua—. Sin embargo, mi reconocimiento de la belleza de ustedes dos es innegable.
Yolanda soltó un resoplido.
—¿Tienes miedo de que tu papá te encierre y te corte la tarjeta? ¿Por eso ahora te muestras tan educado? —le respondió Yolanda sin tapujos.
—¡Ay, cómo hablas! No quise dar esa impresión —Óscar frunció el ceño.
—¿Qué tal si brindamos juntos? —Óscar sonrió mientras miraba a las dos.
Mariana y Yolanda se miraron