Mariana abrió la puerta del coche y empujó a Walter adentro. Walter se abrochó el cinturón de seguridad a tientas. Al subir al coche, Mariana lo encontró sentado obedientemente y no pudo evitar sonreír.
Mariana conducía despacio. Había mucho tráfico; la mayoría de las personas salían a ver fuegos artificiales o se apresuraban a llegar a casa. Walter miraba de reojo, su mirada siempre fija en Mariana. Ella sentía que él la observaba, pero no lo miraba a él. Su mente estaba llena del mensaje de su