El coche se detuvo en la entrada de la vieja casa. Simón bajó las cosas y las entregó discretamente a su jefe, observando si tendría la oportunidad de ayudar a los ancianos a llevar las cosas hasta la puerta.
—No necesitas seguirnos, aquí está bien —dijo Lorena, manteniendo su actitud de rechazo.
Siempre había sido muy considerada y no le gustaba molestar a los demás. Walter sentía que Lorena era más difícil de conquistar que Mariana.
—Abuelita, déjame llevar las cosas adentro, no está lejos. En