—Sí —Simón asintió.
—¿Cómo va lo que te pedí? —Walter le preguntó.
—No te preocupes, señor Guzmán, conseguiré la bolsa que le gusta a la señorita Chávez, cueste lo que cueste —Simón respondió con una sonrisa.
Mariana no pudo evitar sentir un poco de pena por Simón; realmente le estaba causando problemas.
El ambiente en el coche se volvió algo silencioso. Simón, queriendo que los dos conversaran un poco más, decidió iniciar un tema.
—Señorita Chávez, ¿la abuela les ha hecho pasar un mal rato al s