Mariana asintió. —Me siento mucho mejor.
No quería que Walter la viera en un estado tan vulnerable. Pero las secuelas de haber caído al mar profundo realmente la dejaban sin opciones. Era demasiado asfixiante.
Su espalda estaba completamente pegada a la pared, y se había dejado caer al suelo, respirando con dificultad. Walter ajustó su ropa, notando que Mariana estaba luchando contra el miedo.
—Si tienes miedo, ¿por qué no lo admites? Estoy aquí, no tienes que soportarlo —dijo él, sin entender.