Walter realmente no sabía cómo matar un pez. Miró a Tobías varias veces, pensando en rendirse y admitir su incapacidad.
Pero al ver la expresión expectante de Tobías, las palabras se le atragantaron. A pesar de todo, decidió seguir intentándolo.
Los transeúntes pasaron varias veces, y Walter seguía allí, tratando de limpiar el pez.
—Señor Guzmán, ¿quieres que te ayude? —preguntó el camarero, incapaz de contenerse.
Walter miró a Tobías con un poco de culpa. Ya le había dejado una mala impresión,