—Lo que digo es verdad. No te estoy engañando. Si te miento, que un coche me atropelle al salir de aquí.
Mariana giró la cabeza, mirando hacia un lado, mientras jugueteaba con su vaso. Ya no creía en las palabras de Walter; había superado la etapa en la que solo las palabras dulces de un hombre la hacían sentir especial.
—Yo sí respondí, solo que tú no lo sabías —La forma en que Walter expresaba su afecto era más sutil que la de Mariana, por lo que a menudo pasaba desapercibida.
—No te justifiqu