Hasta que Mariana se cansó de insultar y el otro lado guardó silencio.
Fue entonces cuando Walter habló: —¿Has terminado de quejarte?
Mariana apretó los dientes. —¡He terminado!
—Toma un sorbo de agua —dijo él.
Mariana se rio con frustración. —¡Walter, eres increíble!
Walter la interrumpió. —No soy yo quien quiere invertir; fue Koldo quien me buscó.
Mariana se quedó sin palabras.
—El señor Ortiz dijo que los costos del instituto aumentarán con el tiempo. Si puedo unirme, la investigación continu