Ella rápidamente apartó la mirada mientras el coche se alejaba. El corazón de Walter se sintió como si algo lo hubiera apretado con fuerza, un dolor sutil pero presente.
—¡Él es un idiota! —Jacob repetía las palabras de Yolanda.
Walter miró hacia abajo con una sonrisa amarga. —Sí, soy un idiota.
—¿Le diste el collar a Mariana? —Jacob le preguntó.
—Ella no lo aceptó —respondió.
Lo había regalado, pero todo le fue devuelto.
—¿Eran esos dos conjuntos de Mariposa? —Jacob indagó.
Walter asintió. —Sí.