Los ojos de Mariana se oscurecieron. En el momento en que Álvaro habló, levantó una pierna y pateó el cuchillo de Álvaro, que cayó al suelo con un estruendo. El cuchillo fue lanzado lejos por el impacto.
Álvaro extendió la mano y le agarró el cuello a Mariana. Ella, con ambas manos, presionó fuertemente su brazo, pero la fuerza de Álvaro seguía aumentando.
—¡Mariana! —gritó, apretando los dientes.
El rostro de Mariana se volvió pálido, y sus dedos comenzaron a tornarse morados por la presión que