Ahora se daba cuenta de que, en la vida, la soledad y la vacuidad eran la norma.
Mariana se lavó la cara con agua fría para despejarse un poco. Al tomar su teléfono, se dio cuenta de que la gente del instituto le había enviado varios mensajes, la mayoría relacionados con datos.
El instituto no podía estar sin dirección ni un día; aún la necesitaban.
Mariana miró la hora: pasaba de las seis de la tarde. Debido al invierno, la noche caía rápidamente.
Se cambió de ropa, se arregló un poco y se diri