Lorena levantó su mano izquierda y acarició la cabeza de Mariana. —Mari, gracias. Eres realmente el tesoro de mi corazón.
—Abuela, si Yesenia escucha esto, ¡se va a poner celosa! —respondió Mariana riendo.
Apenas acababa de decirlo cuando Yesenia entró, —¿Qué? ¿Celosa de qué?
Mariana la miró mientras ella se quitaba la mascarilla y el gorro. —Abuela dice que eres su tesoro.
—Ay, tú eres la verdadera — Yesenia hizo una mueca, clara en su posición.
Como hija adoptiva, sabía que no podía compararse