Mariana vestía de manera sencilla, con un ajustado vestido negro. Al entrar, se quitó el abrigo y se lo entregó al camarero.
Vicente, al ver a Mariana, no pudo evitar esbozar una sonrisa.
Jacob miró a Vicente con resignación, suspirando: obsesivo.
—¡Mariana! —Vicente se acercó a ella con calidez.
—Vicente —Mariana asintió.
—¿Quieres beber algo? —preguntó Vicente.
Mariana sacudió la cabeza de inmediato: —No, ya sabes que anoche bebí demasiado.
Vicente sonrió.
Él había visto a Mariana borracha la