Mientras tanto, Mariana aceleraba y buscaba en su lista de contactos el número familiar que tenía en la lista negra.
Pronto, lo marcó.
La llamada fue respondida casi al instante.
Ambos se sorprendieron.
Mariana, porque él había contestado tan rápido.
Y él, porque Mariana le estaba llamando.
—Mariana, estoy en el centro comercial —dijo él.
Mariana no se preocupó por dónde estaba; le preguntó: —¿Estás ocupado? ¿Puedes venir a un lugar?
—¿A dónde? —la voz de Walter sonaba animada.
Mariana lo había