Mariana suspiró y comenzó a recoger lentamente las joyas del suelo, guardándolas de nuevo en la caja.
Catalina, al ver aquellos objetos, se agachó, intrigada: —¿De quién es este regalo? ¿Para qué tanta joyería?
No podría ser un regalo para Tobías, ¿verdad? Tal vez alguien lo había traído y se había olvidado de llevárselo.
Mariana movió los labios, recogiendo su cabello hacia atrás mientras se apoyaba en la cabeza, mirando la caja de joyas. En un instante, las lágrimas comenzaron a caer.
Nadie sa