—Mariana, ¿estás loca o qué? —Manuel estaba completamente atónito.
Mariana levantó las manos. —¿No quieres tu teléfono?
El rostro de Manuel se oscureció; tanto su vida como su teléfono eran muy importantes para él.
—¿Si salto, me das el teléfono? —le preguntó.
Mariana asintió.
Ella siempre había sido una mujer de palabra.
Manuel guardó silencio por un par de segundos, maldiciendo y soltando una serie de improperios, hasta que finalmente gritó: —¡Vamos!
Mariana se sorprendió.
¿De verdad?
¿Qué hab