En el instante en que cerró la puerta del coche, Walter levantó la vista hacia ella.
El viento helado movía sus cabellos, y ella lo miró una última vez, dejando escapar una amarga sonrisa antes de que el sonido del portazo resonara.
Todo vínculo entre ellos parecía haberse cortado con ese fuerte golpe.
No podía acercarse a ella.
Nunca podría.
Mariana intentó hacer señas para conseguir un taxi, pero ningún coche se detuvo.
Todos estaban ocupados o simplemente pasaban de largo.
Sacó su teléfono pa