—¿Mariana, me estás amenazando? —dijo Clara, levantándose de un salto.
Mariana, con las manos en las caderas, la miró fijamente. —¿Acaso te acabas de dar cuenta?
Efectivamente, estaba amenazándola.
Si Clara se marchara, sería lo mejor; no estaba dispuesta a lidiar con alguien tan problemático.
Clara, furiosa, apretó los dientes con ira.
La miró con rabia, mientras sus manos, que colgaban a los lados, se cerraban lentamente en puños. Finalmente, soltó una risa fría. —¡Vale! Me voy.
Era obligatori