—La señorita Chávez brilla más desde su divorcio.
—¡Claro! Escapar de la tumba del matrimonio realmente embellece, ¡jajaja!
Walter entrecerró los ojos y, al volver a mirar, vio a Mariana.
Ella llevaba un vestido blanco con un abrigo negro de lana, y en su brazo cargaba un hermoso ramo de flores azules.
Hoy lucía un maquillaje exquisito, con un aire tierno y elegante.
Un periodista la llamó, y ella levantó la vista, asintiendo con una sonrisa cálida.
Mariana siempre tenía una sonrisa en su rostro