La brisa suave entraba por la ventana del coche, no fría, pero le helaba el corazón.
Walter se recostó en el respaldo, sacó su teléfono de manera instintiva y pensó en enviarle un mensaje a Mariana.
No sabía desde cuándo había empezado a convertirse en ese tipo molesto que no dejaba en paz a la otra.
Siempre quería escribirle a Mariana, incluso mientras trabajaba, se distraía pensando en ir a verla.
Parecía entender ahora las acciones insistentes de Mariana en el pasado.
No era sorprendente. Sol