Manuel miraba a Walter y luego se fijó en la mercancía ya tratada, apretando los dientes de rabia.
Por mucho dinero que gastara alimentando a esos caninos, con una sola palabra de su dueño, regresarían a su lado al instante.
¿Y él qué era?
De repente, el responsable le arrojó un balde de agua.
Manuel lo miró y no pudo evitar reír.
¿Y qué era él?
Solo era como un balde de agua sucia que se puede tirar en cualquier momento.
En el camino de regreso, Walter mantenía los ojos cerrados, descansando.
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