En la habitación del hospital.
El médico y la familia rodeaban a Lorena.
Mariana miraba a su abuela, sin atreverse a hablar.
Lorena intentó mover un poco el brazo, observando a los presentes, y al final sonrió.
Al ver esa sonrisa, el corazón de Mariana se sintió como si le hubieran dado una puñalada.
—Abuela... —llamó en voz baja, con la voz temblorosa.
Sancho comentó de inmediato: —No te preocupes, esto no es nada.
Sin embargo, Lorena suspiró en silencio y volvió a intentar mover el brazo.
Todo