Mariana miraba a Jimena con confusión. Podía sentir que el agarre de Jimena en su muñeca se estaba volviendo más fuerte.
Parecía odiarla profundamente.
—Lo que quieres, ahora es tuyo. ¿Qué más tienes que odiar? —Mariana sonrió entre lágrimas.
Jimena apretó los labios. —Pero tú aún monopolizaste a Walter durante tres años. Eso es algo que no puedo perdonar.
Mariana sonrió. —Jimena, no seas tan exigente. Fui yo quien se acercó a Walter primero, cuando estaba en la universidad. Incluso pasábamos mu