—Ya, ya lo sé —respondió Mariana con impaciencia, cepillándose los dientes.
Catalina le dio un leve golpe en la cabeza a Mariana, con una mezcla de exasperación y cariño. —¡Ay, hija, no sé qué voy a hacer contigo!
Mariana hizo un mohín.
Mariana se duchó y se maquilló.
Cuando se sentó frente al espejo, ya eran más de las dos de la tarde.
Mariana sentía que se le había olvidado algo.
Mariana miró hacia arriba, tratando de recordar...
¡Ah, sí! El teléfono.
Mariana fue a la mesita de noche a buscar