Trago saliva e involuntariamente muerdo mis labios antes de poner manos a la obra. Los minutos corren y sigo sufriendo con esas miradas de pasión que brotaban de sus ojos, ya no puedo soportar la cercanía de sus labios y esa sonrisa pícara que me descontrola.
—Puedes mirar hacia la pared, por favor.
—Te pongo nerviosa.
—Sí— grito entre dientes—Mira para otro lado.
Dejando a un lado las sensaciones de excitación que provoca el roce contra su piel, finalmente termino colocando las tiras de sutura