Carlos se carcajea.
—Ahora ya comprendo por qué amas a la otra chica. ¿La conoceré alguna vez?
—Creo que no tendré más remedio al final.
—Deja el desánimo y échale ganas. Si se aman, nada ni nadie podrá separarlos. Pero, deben aclarar su situación, eso de ser amantes y adornarle la cabeza al pobre hombre, no es correcto. Nosotros somos personas de bien.
—Así es hermano— respondo con nostalgia.
—¿Por qué el desánimo?
—Porque seré feliz, a costa de la infelicidad de otro.
—No tienes la culpa de