Jenny
Sus manos se deslizan por mi espalda y me descontrolo por completo. El mundo vuelve a detenerse, estoy cediendo ante esos labios tibios que me adormilan. ¡No! No es solo un beso, ese ese maldito beso placentero, insaciable que me destruye los sentidos.
El sofocación sube, a cada segundo se hace menos probable el poder seguir fingiendo indiferencia ¿a quién engaño? Lo amo, lo deseo, soy una maldita adicta al calor de su cuerpo, a sus besos, a sus caricias ardientes que estremecen mi ser.