—Papá solía decir que compartiendo las penas, se aligera la carga del corazón —me dice Carlos, con su mirada sincera fija en mí—. ¿Te gustaría contarme por qué lloras?
—Hay días en los que el dolor es tan intenso que simplemente no puedo soportarlo más, y lloro para desahogarme —admito, sintiendo cómo las lágrimas vuelven a brotar, sin poder detenerlas.
—No hay nada de malo en llorar, lo que realmente duele es hacerlo sin un hombro en el que apoyarse —dice, su voz suavemente reconfortante mien