—Adiós —murmura, mirándome directo a los ojos. Por un pequeño instante, perderme en esa mirada dulce me lleva a recordar al sujeto pervertido y desvío la mirada como escapando de un fuego intenso.
Supongo que lo toma a mal, porque de inmediato se aleja para subir al auto.
Al llegar al departamento, encuentro a Amelia muy ansiosa por escuchar detalles de mi primera cita oficial.
—Te vi antes de subir —habla risueña—, tú no pierdes el tiempo. ¿Qué tal besa?
—No nos besamos, Amelia. Solo un beso e