Esteban
Después de la larga noche, regresamos a casa. Carlos se veía decepcionado y yo, un poco aliviado pero también miserable.
—Te dije que llamaras antes, para asegurarte de que se encontraba en casa —me recuerda Carlos.
—Sí, debí hacerlo, pero quería sorprenderla —respondo, sintiéndome culpable por no haber tomado esa precaución.
—Después de todo, no se desperdició la serenata, su amiga disfrutó de ella —comenta Carlos, buscando ver el lado positivo de la situación.
—Sí, lo bueno es que le