—¡Agatha!
—Sí, señora —respondió la mujer, que parecía tener casi sesenta años, sin dudar.
—Prepara a mi niño y báñalo. Ah, y también prepáralo para sus clases particulares, por favor.
—Bienvenido a casa, Jack. ¿Quieres un snack antes de empezar con la tarea? —preguntó Agatha antes de llevarse a Jack.
—¡Sí! ¿Puedo tomar galletas y leche?
En casa, Jack parecía un santo, pero fuera era un demonio.
—Ya oíste al niño —dijo Kira mientras arrojaba los accesorios que llevaba encima a una empleada domé