Tanya Milton y Chantelle Wilson se tomaban de las manos, preguntándose cuándo vendría alguien a buscarlas. Esperaron pacientemente, pero estaban empezando a perder la esperanza. ¿Qué sería de ellas si Harriet Milton las abandonaba?
Justo antes de que Tanya fuera arrestada, llamó a su madre. Harriet sonó tan indiferente al respecto, como si no le importara lo que fuera de su hija si no intercedía.
—Buenos días, damas —un hombre vestido con un costoso traje negro entró en la celda de detención.
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