MATTEO
Mi chica es natural, deslumbra toda la sala. No solo con su ingenio rápido y su lengua afilada, sino porque exprime a esos viejos ricachones hasta dejarlos secos. Les quita el dinero con una sonrisa pícara y una palabra sucia. No saben cómo tomársela, porque ella no se guarda nada. Es grosera, es ruidosa, y es jodidamente perfecta.
Limpia la mesa de póker y se sienta en su silla como una maldita reina, con las piernas cruzadas y dejando ver esas largas y delgadas extremidades que hace po