COLINA
Después de un rato, Dimitri me envuelve entre sus brazos y, sin preocuparse por la ropa, camina por el pasillo —incluso con su herida, que se hizo él mismo, así que no me da mucha lástima— y se dirige al ascensor. Lo que acabamos de hacer fue… jodidamente increíble.
Me siento renovada, lo cual es extraño, como si él me hubiese ayudado a liberar todo ese dolor que tenía dentro. Cada centímetro de agonía que me infligió derrumbó los muros que contenían mi propio sufrimiento, hasta que mi i