Silco finalmente asintió con una sonrisa orgullosa, notando que Scarlett lo había llevado justo adonde él quería llevarla. —Creo que eso aumentaría nuestras posibilidades considerablemente, princesa.
Los ojos de Scarlett brillaron, no por la victoria que se avecinaba, sino por la mirada de orgullo que Silco le dio.
Ni siquiera se daba cuenta.
En sus primeros veinte años de vida, nunca había experimentado lo que se sentía ser receptora del orgullo de alguien más, y no era por falta de esfuerzo. D