Capítulo 36: El infame Leroux.
Narra Gastón:
El agua caliente me relajaba el cuerpo después de haber tomado a mi hembra. Ella se quedó llorando un rato pues la mordí y la hice sangrar, pero como mi hembra, es su deber soportarlo. Fastidiado de esa mujer, la golpeé y la dejé sola. El lugar de ellas está por debajo de su hombre en una cama, complaciendo sus deseos salvajes sin quejas ni llantos.
Saliendo de la tina, me acerqué al enorme espejo que tengo para admirarme, y vi que mi cuerpo, igual que siempre, estaba radiante, si