Antes del entierro de Rebeca, Carmina volvió al palacio y dejó un pequeño arco manchado de barro frente a Bruno.
—Lo sacaron del estanque.
La madera se había hinchado con el agua. En ella estaba grabado, con letras torcidas, el nombre de Julián.
Bruno reconoció los trazos de Rebeca. De niña, a ella le encantaba grabar nombres o conejos mal dibujados en las flechas que él usaba. Pero, desde que se casó y llegó al palacio, no había vuelto a practicar el tiro con arco.
Hacer arcos para los hijos de