Cap 91. Mi nombre era Clarisa
La biblioteca del palacio está en silencio. Entre las sombras que dibujan los estantes, Amaris se mueve con disimulo.
No ha llegado ahí por casualidad, pero se esfuerza por parecerlo. Sus dedos acarician los lomos de los libros, leyendo los títulos en voz baja, como si realmente estuviera interesada en las crónicas de la corte o los tratados de botánica del siglo anterior. Pero sus ojos, atentos, están puestos en la puerta. Espera. O más bien, presiente. Algo en su pecho le dice que es el momen