Cap 50. Descubriendo al traidor
El acero silva en el aire, trazando curvas letales bajo el sol del mediodía. Eleonora se mueve con rapidez, con el cuerpo encendido por la exigencia del combate. Alejandro la sigue, atento, exigiéndole lo mismo que le exigiría a cualquier soldado, incluso más. Cada golpe, cada esquiva, cada giro que dan sobre la tierra endurecida es una danza entre el deber y el deseo.
Él la presiona, la reta, pero al verla resistir sin miedo, no puede evitar que una sonrisa orgullosa se le escape.
—¡Eres buena