La cachetada de Giovanni me dejó toda la mejilla derecha hinchada y con un ardor punzante. Entre mi vida pasada y esta, ya estaba harta de su maltrato. Mi primer instinto fue abalanzarme sobre él y devolverle el golpe.
Pero al ver que estábamos rodeados por los invitados a la cena de Navidad de su familia, respiré hondo y relajé los puños que tenía listos.
Ellos podían permitirse el descaro, pero yo no. Era la primogénita de la familia Vinci, la consentida de mi padre y la futura esposa del here