CAMELLIA
Me desperté con una paz absoluta. Sin autos molestos pitando ni personas maldiciéndose entre sí. No escuché a mi vecino y a su esposa discutir de nuevo sobre cosas que no tenían ningún sentido. Todo lo que escuché fueron pájaros cantando seguidos de silencio.
No quería abrir los ojos ni levantarme de la cama porque esta era una sensación maravillosa. Un golpe repentino interrumpió mi hermosa imaginación.
—¿Quién es? —Me bajé de la cama y caminé hacia la puerta.
—Soy Mia, ehmm yo— —abrí