CAMELLIA
Xavier me miró fijamente por lo que pareció horas, si no más. Podía sentir el calor de su rabia.
Luego lo pensé de nuevo.
—¿Por qué nos miras así, como si te hubiéramos robado algo? —Crucé los brazos y lo miré a los ojos.
Empezó a caminar hacia nosotros, un paso a la vez, como un padre a punto de disciplinar a sus hijos.
—Ethan —llamó Xavier con una voz controlada.
—Sí, jefe —respondió Ethan manteniéndose sereno.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Volvió a hablar Xavier parándose frente a Eth