Capítilo 4

Un silencio pesado se apoderó del despacho.

Julien me miraba como si yo fuera la última persona que esperaba encontrar allí. Tenía el ceño fruncido y el desconcierto se reflejaba claramente en su rostro.

—Marie Rose... ¿qué haces aquí?

Respiré hondo para mantener la calma.

No era el momento ni el lugar para perder el control.

—He venido a una entrevista de trabajo.

Se le escapó una risa sin humor.

—¿Una entrevista? ¿En Terry Group?

Lo miré directamente a los ojos.

—Sí.

Negó con la cabeza mientras una sonrisa burlona se dibujaba en sus labios.

—No me digas que ahora me estás siguiendo.

Sus palabras me atravesaron el corazón, pero me negué a demostrarle que todavía podía herirme.

Enderecé los hombros.

—Te estás imaginando cosas. Ni siquiera sabía que trabajabas aquí.

Antes de que Julien pudiera responder, Clark dejó su bolígrafo sobre el escritorio con total tranquilidad.

El leve sonido del metal al chocar contra la madera bastó para captar nuestra atención.

—Julien.

Su voz era serena, pero firme.

Julien se volvió de inmediato hacia él.

—¿Sí, tío?

Clark lo observó unos segundos antes de hablar.

—Estás interrumpiendo una entrevista.

Julien bajó ligeramente la mirada.

—Yo... no lo sabía.

—Ahora que lo sabes, puedes volver más tarde.

El tono era cortés, pero no dejaba espacio para discutir.

Julien permaneció inmóvil durante unos instantes.

Su mirada iba de mí a su tío, como si intentara entender qué estaba ocurriendo.

Podía imaginar todas las preguntas que pasaban por su cabeza.

Finalmente apretó la mandíbula.

—De acuerdo.

Dio unos pasos hacia la puerta, pero se detuvo justo delante de mí.

—Marie Rose, tenemos que hablar.

Crucé los brazos.

—No tengo nada que decirte.

Su expresión se endureció.

Por un momento pensé que iba a insistir.

Pero se limitó a lanzarme una última mirada antes de salir del despacho, cerrando la puerta con suavidad tras de sí.

El silencio volvió a instalarse.

Bajé la vista, un poco incómoda.

—Lo siento... No imaginé que esto fuera a pasar.

Clark no respondió enseguida.

Permaneció sentado, con los dedos entrelazados sobre el escritorio.

Después preguntó con calma:

—¿Conoce a mi sobrino?

Levanté lentamente la cabeza.

Ya no tenía sentido ocultar la verdad.

—Sí.

—¿Desde hace mucho tiempo?

Me humedecí discretamente los labios.

—Fuimos pareja durante tres años.

Su expresión no cambió.

No hubo sorpresa.

Ni juicio.

Simplemente asintió.

—Entiendo.

No intentó averiguar nada más.

Su reacción me sorprendió.

En su lugar, la mayoría de las personas habría hecho decenas de preguntas.

Él no.

Simplemente volvió a tomar mi expediente.

—Sus referencias son excelentes.

Parpadeé.

Casi esperaba que diera por terminada la entrevista después de lo que acababa de ocurrir.

Sin embargo, continuó como si nada hubiera pasado.

—Trabajó dos años como asistente administrativa.

—Sí, señor.

—¿Qué es lo que le atrae de este puesto?

Reflexioné unos segundos antes de responder.

—Me gusta que todo esté bien organizado. Soy una persona disciplinada y aprendo con rapidez. Incluso bajo presión, siempre doy lo mejor de mí.

Me observó durante unos instantes.

—Aquí la presión forma parte del día a día.

Una leve sonrisa apareció en mi rostro.

—Eso no me asusta.

Por una fracción de segundo, me pareció ver cómo sus facciones se suavizaban.

Fue casi imperceptible.

Un ligero movimiento en la comisura de sus labios.

Pero bastó para que su expresión pareciera menos fría.

Cerró lentamente el expediente.

—Muy bien.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Clark se puso de pie.

En ese instante entendí por qué todos parecían respetarlo tanto.

Su sola presencia imponía autoridad.

Sin necesidad de levantar la voz, conseguía que todo quedara en silencio.

Rodeó el escritorio y se detuvo frente al enorme ventanal que dominaba la ciudad.

Con las manos en los bolsillos, contempló los edificios durante unos segundos antes de girarse hacia mí.

—Señorita Rose.

Yo también me levanté.

—¿Sí, señor?

Me sostuvo la mirada.

—El puesto es suyo.

Me quedé paralizada.

Estaba convencida de haber oído mal.

—¿Perdón?

—Está contratada.

Lo miré sin poder ocultar mi sorpresa.

—¿Habla... habla en serio?

Su expresión permaneció impasible.

—Nunca bromeo cuando se trata de mi empresa.

Una inmensa sensación de alivio me invadió.

Tenía ganas de sonreír, de llorar... quizá incluso de reír.

—Gracias... Muchísimas gracias, señor Terry.

Él inclinó levemente la cabeza.

—Olivia le explicará cuáles serán sus nuevas funciones. Empezará el lunes a las ocho de la mañana.

—Estaré aquí antes de la hora.

—No lo dudo.

Recogí mi bolso.

Cuando llegué a la puerta, me volví una última vez.

—Gracias por darme esta oportunidad.

Clark levantó la vista hacia mí.

—No se trata de darle una oportunidad.

Lo miré sin entender.

Continuó con la misma calma de siempre.

—Obtuvo este puesto por sus capacidades. Nada más.

Sus palabras me conmovieron mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Le dediqué una sonrisa sincera.

—No lo decepcionaré.

Luego salí de su despacho.

Apenas se cerró la puerta, Olivia se acercó a mí con curiosidad.

—Entonces... ¿cómo ha ido?

Dejé escapar una pequeña risa, todavía en estado de shock.

—Creo... que acaban de contratarme.

El rostro de Olivia se iluminó.

—¡Felicidades! Bienvenida a Terry Group.

Me estrechó la mano con entusiasmo.

Le di las gracias con una sonrisa.

Cuando empezábamos a caminar por el pasillo, sentí que alguien nos observaba.

Giré lentamente la cabeza.

A unos metros de distancia, apoyado contra la pared y con los brazos cruzados sobre el pecho, Julien seguía allí.

No se había movido.

Me miraba fijamente.

Sus ojos oscuros no se apartaban de mí ni por un segundo.

No parecía dispuesto a marcharse.

Y algo me decía que ya no iba a poder seguir evitando la conversación que llevaba tanto tiempo exigiéndome.

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