El silencio volvió a adueñarse de la oficina, pesado, casi asfixiante.
Clark Terry cerró el expediente con calma antes de dejarlo sobre el escritorio. Su rostro permanecía completamente impasible mientras su mirada iba de Julián a mí.
—¿Necesitabas algo, Julián? —preguntó con voz tranquila.
Julián por fin apartó la vista de mí y se aclaró discretamente la garganta.
—Sí. Solo venía a traerle los documentos para la reunión.
Dejó una carpeta de cartón sobre el escritorio de su tío.
Clark la abrió