Punto de vista de Lino
Estaba allí otra vez. Encadenada a las paredes.
Látigos.
Me dolía la espalda con los látigos en la piel.
"¿Por qué siempre me traes aquí?", pregunté con la voz entrecortada. La figura en las sombras se acercó, con el látigo arrastrándose tras ella.
"Sabes por qué", respondió con voz fría e insensible.
"No, no lo sé", insistí, intentando distinguir el rostro de la figura en la penumbra. "¿Qué quieres de mí?"
El látigo volvió a restallar, provocando una nueva oleada de dolo