Punto de vista de Violeta
La primera señal de que algo andaba mal fue la ausencia.
No del tipo dramático. Ni alarmas ni voces elevadas ni mensajes frenéticos. Simplemente... silencio donde debería haber habido rutina. Estructura. Ritmo familiar.
El cuidador matutino de Amelia no llegó.
Al principio apenas se registró. Se produjeron retrasos. La vida pasó. El mundo no era una máquina por mucho que intentáramos hacerlo predecible. Yo estaba en la cocina con Enzo, cortando fruta mientras Amelia estaba sentada en su silla alta, aplastando plátanos en su bandeja con encantada intensidad.
"Va a usar más de lo que come", murmuró Enzo.
"Ella está experimentando", dije. "La comida como textura. Como caos".
Él sonrió levemente. "Haces que todo parezca filosófico".
"Sólo porque haces que todo parezca sobrevivible".
Esperamos otros diez minutos. Luego veinte.
Mis instintos se agitaron, ni bruscamente ni violentamente. Lo suficiente para cambiar mi postura, lo suficiente como para que Enz