POV DE LIANA
La luz del sol se colaba dorada entre las cortinas, pero me hizo arder los ojos apenas los abrí. Tenía el cuerpo adolorido, con ese dolor que me recordaba cada una de las cosas que habían pasado anoche. Cada caricia suya, cada beso pecaminoso, cada embestida. Dios. Me giré despacio en la cama, esperando encontrarlo ahí.
Pero el espacio a mi lado estaba vacío.
Me incorporé, subiéndome la sábana hasta el pecho. Mis dedos rozaron algo sobre la almohada de al lado: un papel doblado.