Pero justo cuando me giré para irme, su mano atrapó la mía y me detuvo.
—Ayúdame a resolver esto —murmuró, con la voz baja y cargada de necesidad.
Fruncí el ceño e intenté zafarme.
—Killian, ¿estás loco? ¿Quieres que te ayude con... eso? —señalé su evidente erección, que tensaba la tela de sus jeans.
Se pasó la lengua por el labio inferior y suspiró.
—Está bien. De acuerdo. Solo... iré a encargarme yo mismo.
Empujó una puerta junto al corredor, la de lo que antes era un viejo cuarto de man