El suelo temblaba bajo sus pies. Cada latido del portal arrancaba trozos de realidad, y el aire estaba impregnado de un hedor metálico, como hierro oxidado mezclado con cenizas. Ciel apenas podía respirar, pero se mantenía erguida, con la lanza brillando en sus manos como un faro en medio de la tormenta.
El anciano —su abuelo— avanzó lentamente, su túnica ondeando como si un viento invisible lo envolviera. Cada paso que daba hacía que los heraldos a su alrededor se arrodillaran en reverencia, c