PESO DE RECORDAR
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CAPÍTULO XLVI
Donde el silencio aprende a gobernar
El silencio que siguió a la separación no fue inmediato.
Fue progresivo.
Primero desaparecieron los susurros nocturnos. Luego, el murmullo constante que siempre acompañaba al asentamiento —esa mezcla de respiraciones, pasos, pensamientos contenidos— se volvió irregular, como si la gente temiera ocupar espacio.
Ciel caminaba entre ellos sin escolta.
Ya no la necesitaba.
El eclipse se mantenía presente, no como un estallido ni como un halo visible, sino como una presión constante, una conciencia extendida que reaccionaba antes que ella misma. El mundo parecía inclinarse apenas cuando pasaba, como si la realidad reconociera algo que los vivos aún no sabían nombrar.
Ian la observaba desde lejos.
No por orden de ella.
Por incapacidad propia de acercarse.
Había despertado con todos los recuerdos intactos, pero algo fundamental faltaba: la urgencia. El impulso de protegerla incluso de sí misma. E